SUSTANTIVO

Hay sustantivos simples, sustantivos abstractos y sustantivos complejos. Los simples y los abstractos son monádicos o diádicos; los complejos, monádicos.

Los sustantivos simples del número singular y los sustantivos abstractos del número singular están listados en el diccionario.

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Todos los sustantivos son de un determinado género gramatical y número; p.ej., arroyo es masculino y singular; madre, femenino y singular; puertas, femenino y plural; cántaros, masculino y plural.

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Los sustantivos diádicos simples se distribuyen en cinco clases:

1. vinculares - p.ej.,

para el amigo de la infancia y camarada de la escuela (...) traía yo este agasajo. (R. Palma, Tradiciones Peruanas)

la bisabuela de Úrsula Iguarán se asustó (...). (G. García Márquez, Cien años de soledad) [1] -,

2. meronímicos - p.ej.,

tendió su capa (...) al pie del árbol (...). (R. Palma, ibid.)

hizo construir una pequeña casa en la cima de una montaña (...). (Azorín, Las confesiones de un pequeño filósofo) [2] -,

3. porciones - p.ej.,

Tomaba un puñado de sal y lo arrojaba (...). (E. Hudson, Allá lejos y hace tiempo)

respiró a fondo una bocanada de aire abrasante (...). (G. García Márquez, La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada) [3] -,

4. magnitudes - p.ej.,

compré un kilo de café. (A. Bioy Casares, En memoria de Paulina)

Le ofrecí cincuenta hectolitros de maíz (...). (J. Rulfo, Pedro Páramo) [4] - y

5. fracciones - p.ej.,

se tragó la mitad del remo. (G. García Márquez, Relato de un náufrago)

la mitad del vecindario tomó partido (...). (R. Palma, ibid.) [5].

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Los sustantivos abstractos componen cláusulas abstractas. Casi todos engendran verbos o derivan de verbos. Por ejemplo: afición, angustia, asiento, deformación, desaparición, desesperación, emancipación, emoción, entrada, entusiasmo, esfuerzo, existencia, interrupción, manifestación, movimiento, paseo, pena, renacimiento, turbación, valor, vida, ligados con aficionarse, angustiarse, asentarse, deformarse, desaparecer, desesperarse, emanciparse, emocionarse, entrar, entusiasmarse, esforzarse, existir, interrumpirse, manifestarse, moverse, pasear, apenarse, renacer, turbarse, valer y vivir, respectivamente; y aceptación, admiración, afición, asesinato, asistencia, ataque, baile, beatificación, bostezo, búsqueda, cacería, casamiento, caída, concepción, correspondencia, creencia, crítica, debate, decisión, deformación, desfile, desobediencia, despilfarro, elección, encuentro, enseñanza, evocación, exhortación, explicación, fabricación, gobierno, huida, identificación, imaginación, integración, interpretación, intervención, inundación, llegada, muerte, nacimiento, noción, observación, observancia, ocupación, paseo, penetración, peregrinación, producción, prolongación, protección, publicación, reconstrucción, redención, refugio, restauración, reunificación, reunión, seducción, separación, solución, sonrisa, soporte, sufrimiento, sustitución, temor, tropiezo, venta y zozobra, ligados con aceptar, admirar, aficionarse, asesinar, asistir, atacar, bailar, beatificar, bostezar, buscar, cazar, casarse, caer, concebir, corresponder, creer, criticar, debatir, decidir, deformar, desfilar, desobedecer, despilfarrar, elegir, encontrar, enseñar, evocar, exhortar, explicar, fabricar, gobernar, huir, identificar, imaginar, integrar, interpretar, intervenir, inundar, llegar, morir, nacer, conocer, observar, observar, ocupar, pasear, penetrar, peregrinar, producir, prolongar, proteger, publicar, reconstruir, redimir, refugiar, restaurar, reunificar, reunir, seducir, separar, solucionar, sonreir, soportar, sufrir, sustituir, temer, tropezar, vender y zozobrar, respectivamente.

Muchos derivan de adjetivos monádicos; p.ej., actividad, alegría, altura, amabilidad, arbitrariedad, belleza, blancura, crueldad, delgadez, fluidez, idiotez, imprudencia, inconstancia, ingratitud, inteligencia, juventud, necedad, oscuridad, paciencia, perspicacia, piedad, prudencia, redondez, riqueza, sensatez, sabiduría y tontería.

Finalmente, hay también algunos primitivos que ni han originado verbos ni derivan de verbos; p.ej., acción, autoridad, bullicio, efluvio, impericia y miedo.

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Los sustantivos complejos son frases S A ( S, sustantivo monádico; A, adjetivo calificativo inseparable o adjetivo cancelativo); p.ej.,

Lo amarró encima de un camello veloz (...). (J. L. Borges, Los dos reyes y los dos laberintos)

Martinito (...) escapa como un escarabajo veloz (...). (M. Mujica Láinez, El hombrecito)

Nick Leeson (...) hizo una carrera veloz, como agente de Bolsa. (M. Vargas Llosa, El capitalismo en la cuerda floja)

Inevitablemente se nos viene a la memoria el cine primerizo, hecho a base de gesticulación exagerada y veloz. (A. Zamora Vicente, Discurso leído el 28 de mayo de 1967)

el terreno donde se alzaban las altas acacias blancas (...). (G. Hudson, Allá lejos y hace tiempo)

Todas las mañanas envío a don Antonio un pan, dorado, blanco, reciente (...). (Azorín, El escritor)

- Hoy yo bebo vino blanco, Hilda. (A. Bioy Casares, El gran serafín)

En el primer cuartujo estaba instalada la Redacción, con una mesa larga de pino blanco (...). (R. J. Payró, Divertidas aventuras del nieto de Juan Moreira).

alguno de sus concilios tuvo lugar (...) en una capilla en un bosque, mediocre pabellón de madera blanca (...). (J. L. Borges, El incivil maestro de ceremonias)

se les pone sal y pimienta blanca al gusto. (L. Esquivel, Como agua para chocolate)

surgió una bocanada de humo blanco con incandescencias luminosas (...). (Pío Baroja, La Lucha por la Vida - Mala hierba)

Al dejarnos era un jovencito lampiño, de cutis bronceado que sumado a la negrura de sus ojos y su larga cabellera hacía que pareciera más un indio que un hombre blanco. (G. Hudson, ibid.)

El sistema carcelario sudafricano aplicaba rigurosamente en 1964 esta filosofía que Hendrik Verwoerd (...) había defendido en su cátedra (...), antes de que, en 1948, la mayoría del electorado blanco de Sudáfrica la hiciera suya. (M. Vargas Llosa, La Isla de Mandela)

Era una joven alta, delgada, bonita, de (...) cutis admirablemente blanco (...). (G. Hudson, ibid.)

hay una larga mesa con un resplandeciente desorden de taleros, de arreadores, de
cintos, de armas de fuego y de armas blancas (...).
(J. L. Borges, El muerto)

Olvídese (...) de la magia negra y blanca (...). (M. Vargas Llosa, Lituma en los Andes) -;

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para el presunto obispo de Caracas (...), alistó las mejores celdas del convento (...). (R. Palma, Tradiciones Peruanas)

el falso homeópata se refugió en Macondo. (G. García Márquez, Cien años de soledad)

los padres, que son plateros y conocen el oro falso, no te pasan. (B. Pérez Galdós, El abuelo).

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Advertencias.

Algunos sustantivos meronímicos son homónimos de adjetivos calificativos; p.ej.,

[la caravana] ocupaba todo el ancho de aquel camino tortuoso. (G. García Márquez, Relato de un náufrago)

el grueso del ejército permanecía en la plazuela (...). (R. Palma, ibid.)

[la cola] llegó a tener el largo de un palo de golf (...). (I. Allende, La casa de los espíritus).

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Los sustantivos abstractos que originan verbos diádicos o que derivan de verbos diádicos, son diádicos; los demás son monádicos.

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Los sustantivos genéricos suelen convenir no sólo a los elementos de las especies, sino también a las especies mismas; p.ej., hombre en

El hombre desaparecerá del haz del planeta (...). (A. Nervo, La última guerra).

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NORMAS SEMÁNTICAS.

Algunos sustantivos monádicos convienen a individuos de una misma especie; p.ej.,

le obsequió Pizarro seis higos que él mismo cortó por su mano del árbol (...). (R. Palma, ibid.).

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Del sustantivo que conviene a individuos de una misma especie diremos que es de tipo <Individuo> o genérico.

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Los sustantivos abstractos convienen a las mismas series objetivas a las que convienen sus verbos derivados u originarios, o sus adjetivos originarios. Por ejemplo: nacimiento conviene, como nacer, a los objetos que nacen; caída, como caer, a los objetos que caen; admiración, como admirar, a los pares de objetos tales que el primero admira al segundo; venta, como vender, a los pares de objetos tales que el primero vende el segundo; juventud, como joven, a todos los objetos jóvenes.

Los sustantivos abstractos primitivos que no han originado verbos convienen a las series que les asigna el diccionario; p.ej., autoridad, a las personas “revestidas de algún poder, mando o magistratura”; miedo, a los pares de objetos tales que el primer teme el segundo.

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Los sustantivos compuestos por un sustantivo monádico y un adjetivo calificativo inseparable son - propiamente hablando - locuciones [6]. Así, el nombre S A ( S, sustantivo material; A, adjetivo calificativo inseparable) no nombra dos objetos inmensos combinados en uno, sino un único objeto inmeso. Igualmente, el término primario S A ( S, sustantivo genérico; A, adjetivo calificativo inseparable) no es un término compuesto, sino un término único indisociable.

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Los sustantivos compuestos por un adjetivo cancelativo y un sustantivo monádico material no nombran pares de objetos inmensos combinados en uno, sino objetos inmesos de naturaleza diferente al del objeto nombrado por el sustantivo componente. Igualmente, el término primario A S, ( A, adjetivo cancelativo; S, sustantivo genérico) no es un término más específico que S, sino un término que conviene a objetos a los que no les conviene S. En efecto: de Esto es oro falso no se sigue Esto es oro; y de alistó las mejores celdas del convento para el presunto obispo de Caracas no se sigue alistó las mejores celdas del convento para un obispo.

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Algunos sustantivos monádicos convienen a cúmulos de individuos de una misma especie [7]; p.ej.,

Detrás de una arboleda surgió de pronto una mansión espléndida (...). (G. García Márquez, Noticia de un secuestro)

la villa de Betanzos es hoy un miserable caserío habitado por veinticinco personas (...). (R. Palma, ibid.)

La gente se juntó alrededor del rancho del viejo (...). (I. Allende, ibid.)

Si Gándara encontraba una yegua blanca u overa en la manada de un vecino, no descansaba hasta que lograba comprársela. (E. Hudson, ibid.)

El comprador de una docena de ánforas de vino damasceno no se maravillará si una de ellas encierra un talismán o una víbora (...). (J. L. Borges, La lotería en Babilonia)

En pocas horas reunió un grupo de hombres bien equipados (...). (G. García Márquez, Cien años de soledad)

ante la inminencia del peligro y presidido por la víbora de cascabel, se reunió el congreso de las víboras. (H. Quiroga, Anaconda)

En pocas horas reunió un grupo de hombres bien equipados (...). (G. García Márquez, ibid.)

A media mañana, el alférez reunió a los vecinos en la placita de Andamarca (...). (M. Vargas Llosa, Lituma en los Andes).

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Del sustantivo que conviene a cúmulos de individuos de una misma especie diremos que es de tipo <Cúmulo> o colectivo.

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Algunos sustantivos monádicos convienen a objetos inmensos únicos [8]; p.ej.,

La comida de un trapense la componen doce onzas diarias de pan, una ración de verdura o sopa a mediodía, y otra ración de verdura, cocida con sal y sin aceite, por la noche. (Azorín, El escritor).

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Del sustantivo que conviene a un objeto inmenso único diremos que es de tipo <Objeto inmenso> o material.

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Muchos sustantivos monádicos ocurren con parecida frecuencia unas veces como genéricos y otras como materiales; p.ej., cordero, pan, manzana, caballo, piedra y autoridad en:

Las ovejas tienen dos y a veces tres corderos (...). (R. J. Payró; La Australia argentina)

El desayuno se componía de costillas de cordero, preparaciones de maíz y café. (G. E. Hudson, ibid.)

estos panes así trabajados con las pintaderas se llaman pintados (...). (Azorín, ibid.)

A mí me dan pan en abundancia, y yo sigo a quien me lo da. ( ibid.)

Tommy se ponía delante de la puerta de la cocina con una manzana en la cabeza. (Pío Baroja, Las Inquietudes de Shanti Andía)

Al final levantó el vaso de vino de manzana, y brindó por la paz de Colombia. (G. García Márquez, Noticia de un secuestro)

Murieron asimismo tres novillos y un caballo, un viejo y querido caballo de montar, un caballo con historia: el pobre Zango. (G. E. Hudson, ibid.)

Escaseaban el ganado vacuno y los caballos (...). ( ibid.)

Y a medida que bajaban con su carga fúnebre iban destruyendo las piedras salientes y las asperezas que les servían de escala, de modo que no podían volver a subir. (R. J. Payró, El falso inca)

para mí era la suprema delicia caminar bajo la bóveda del emparrado, entre los pilares de piedra blanca (...). (Azorín, ibid.)

Don Apolinar Moscote, el gobernante benévolo cuya actuación se reducía a sostener con sus escasos recursos a dos policías armados con bolillos de palo, era una autoridad ornamental. (G. García Márquez, Cien años de soledad)

Los años parecían haberle dado más autoridad que flaqueza (...). (J. L. Borges, El disco)

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Pero casi todos los que pueden ocurrir como genéricos pueden ocurrir también como materiales, y al revés. Es sólo por razones culturales o porque la realidad es como es, y no por razones idiomáticas, que algunos sustantivos ocurren siempre como genéricos (o materiales). Dame más hombre blanco y El hombre blanco escasea suenan muy mal, pero ello se debe sólo a nuestras buenas costumbres: uno bien puede imaginar a caníbales convertidos en hispanohablantes por un lingüista, y al pobre lingüista convertido en bocado en medio de una queja unánime: Lástima que ya se haya acabado el hombre blanco. También suena mal Encontró en una mina varios oros, pero eso no se debe a que le esté idiomáticamente vedado a oro convenir a objetos inmensos varios, sino a que, a diferencia de lo que ocurre con metal, no hay oros de diversos tipos.

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Esta doble interpretación del sustantivo es causa de ambigüedad en innúmeras frases: mate, p.ej., puede ocurrir componiendo tanto el nombre de la infusión de yerba mate, como una frase nominal referente a determinada porción de la infusión; así, A Juan el mate no le gusta sirve por igual para decir que a Juan no le gusta la infusión y que a Juan no le gusta el mate que está bebiendo.

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Algunos sustantivos monádicos ocurren a veces como materiales y a veces como colectivos: p.ej., mucho público y público numeroso; mucha gente y gente obesa [9].

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Decena, docena, veintena, treintena, centenar, gruesa, millar, millón, billón y trillón, componen colectivos numéricos. También ofician a veces de igual modo los adjetivos cardinales cien, ciento y mil; p.ej.,

no llegaba a tumbarse por su propio peso porque estaba sostenido por docenas de otros tallos y estos, a su vez, por cientos más y estos cientos por miles y millones. (E. Hudson, ibid.).

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Algunos colectivos numéricos son de significación vaga; p.ej.,

El estudio de las pasiones (...) conduce a Descartes a un gran número de interesantes y finas observaciones psico-fisiológicas. (M. G. Morente, Prólogo a ' Discurso del método' de R. Descartes)

A la puerta esperaba un ómnibus grande, en donde cabían una infinidad de personas. (Pío Baroja, La Lucha por la Vida - La busca).

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Los sustantivos vinculares convienen a pares de individuos vinculados por alguna relación social o de parentesco; p.ej., abogado, a los pares de personas tales que una es abogado de la otra.

Los sustantivos meronímicos convienen a pares formados por cierta parte de un objeto y el objeto; p.ej., cima, a los pares de objetos tales que uno es la cima del otro.

Las porciones convienen a pares formados por una porción de un objeto y el objeto; p.ej., fardo, a los pares de objetos tales que uno es un fardo del otro.

Las magnitudes convienen a pares formados por una magnitud y un objeto inmenso; p.ej., gramo, a los pares de objetos tales que uno es un gramo del otro.

Las fracciones convienen a pares formados por una parte de un objeto y el objeto; p.ej., mitad, a los de pares de objetos tales que uno es la mitad del otro.

°

En W de N ( W, porción, magnitud o fracción; N, nombre o frase nominal), W y N son del mismo tipo; p.ej.,

Juan comió {jamón / dos fetas de jamón}
Bebió {leche / un litro de leche}
Juan compró {la tarta / la mitad de la tarta}
Juan quiso {uvas / un racimo de uvas}.

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En mayoría de N, N debe ser un sustantivo colectivo; así,

mayoría de la población

es un sustantivo normal, pero no

* mayoría de la madera.

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Las porciones suelen oficiar de términos primarios de tipo <Cúmulo>; p.ej.,

Se machaca un ramo de jazmines y se echa en tres cuartillos de agua con media libra de azúcar (...). (L. Esquivel, Como agua para chocolate)

Desgraciadamente, la mayoría de la gente, y hasta la mayoría de los filósofos, aún creen - u obran como si creyeran - que la manera correcta de decir el valor de verdad de un enunciado es someterlo a la prueba de algún texto (...). (M. Bunge, La ciencia, su método y su filosofía).

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Usos normales.

Unos pocos sustantivos genéricos ocurren sólo en las narraciones de sucesos ficticios, como si conviniera a seres fabulosos; p.ej., centauro, dragón, esfinge, sirena.

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Los sustantivos que ofician como materiales son todos del número singular, excepto unos pocos que no corresponden a singular alguno, como celos y ganas; así,

Estaba con ganas de verla. (A. Bioy Casares, La trama celeste)

se divertía dando celos a Leandro (...). (Pío Baroja, ibid.)

suenan bien, pero no

* Estaba con tres ganas de verla
* se divertía dando dos celos a Leandro.

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Los sustantivos respectivo S (S, sustantivo monádico) componen frase nominal únicamente con los artículos y los determinantes posesivos; así,

los respectivos facones
sus respectivos facones

suenan bien, pero no

* estos respectivos facones
* tres respectivos facones
* algunos respectivos facones
* muchos respectivos facones.

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Más y menos no se combinan con sustantivos genéricos del número singular; así,

cada día había menos compradores, más hambre, más enfermos, más niños en el cementerio. (M. Vargas Llosa, ibid.)

Se alejaron a pasitos cortos, buscando las piedras o las elevaciones donde había menos barro. ( ibid)

¿No han mandado más botellas de la farmacia? (Pío Baroja, La Lucha por la Vida - Mala hierba)

suenan bien, pero no

* menos comprador
* más niño
* más botella.

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El cuantificante mucho sólo se combina con sustantivos materiales; así,

cuesta mucho trabajo encontrarlos. (Azorín, El escritor)

aún quedaba mucha luz en el cielo. (J. L. Borges, El fin)

suenan bien, pero no

* mucho niño
* mucha cuchara.

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Son normales los sustantivos cantidad de S (S, sustantivo genérico) sólo si S es del número plural; así,

habían tenido que tomar medidas para tener reunida esta cantidad de huevos (...). (L. Esquivel, ibid.)

suena bien, pero no

* cantidad de libro.

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Son normales los sustantivos cantidad de S ( S, sustantivo material) sólo si S conviene a una sustancia material; así,

La cantidad de agua debe ser un poco mayor que la que se necesite para llenar el pocillo en que se ha de hervir. (L. Esquivel, ibid.)

suena bien, pero no

* cantidad de miedo
* cantidad de blancura.

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Las frases entre FN ( FN, frase nominal) disuenan si el sustantivo componente de FN es del número singular y no conviene a un grupo de personas; así,

Entre la muchedumbre de apátridas y vividores estaba Blacamán (...). (G. García Márquez, La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada)

Entre la tripulación había ingleses, franceses y españoles (...). (Pío Baroja, Las inquietudes de Shanti Andía)

suenan bien, pero no

* Entre el libro está tu carta
( libro no es colectivo)

* Entre la biblioteca está tu libro
( biblioteca es colectivo, pero no denota grupo de personas) [10].

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[1] Ofician así, entre otros, abuelo, amigo, ancestro, antepasado, colega, compadre, compañero, cómplice, concubino, cuñado, defensor, enemigo, heredero, hermano, nieto, novio, nuera, padre, padrino, paisano, pariente, primo, protector, representante, sobrino, suegro, tío y yerno.

[2] Ofician así, entre otros, ápice, borde, cabecera, cumbre, largo, grosor y pie.

[3] Ofician así, entre otros, barra, bocanada, brizna, copo, fardo, feta, filete, gajo, gota, grano, hebra, jirón, lingote, loncha, lonja, manojo, mazorca, mendrugo, mota, palmo, parcela, pedazo, pincelada, pizca, porción, rebanada, rodaja, tableta, tajada, terrón, trozo; arrebato (de cólera), ataque (de tos, de locura), cabeza (de ajo), corriente (de simpatía), cubito (de caldo), cubo (de aire), chorro (de agua), diente (de ajo), golpe (de suerte), haz (de luz), hilo (de azafrán), hoja (de papel), pan (de jabón), parte (de mi terreno), pastilla (de jabón), racha (de viento, de buena suerte), ráfaga (de viento, de inspiración), soplo (de aire, de esperanza); los que componen nombres de recipientes, como balde, bidón, bombona, botella, caja, cajón, camión (metonímico), carretilla, carro (metonímico), copa, cuchara, cucharón, damajuana, frasco, fuente, garrafa, jarra, jarro, lata, olla, pala, paquete, plato, puñado, taza, sachet, tazón, vaso; y algunos de sus derivados, como camionada, carrada, carretillada, cucharada y palada

De igual modo ofician también muchos colectivos - p.ej., fajo (de billetes), gavilla (de cebada), grupo (de obreros), hatajo (de ovejas), manada (de lobos), racimo (de uvas), recua (de burros), ristra (de ajos), ramo (de rosas), serie (de números), tropel -, y otros sustantivos, como alud (de reclamos), aluvión (de quejas), amasijo (de ideas confusas), avalancha (de turistas), banco (de datos), caravana (de autos), círculo (de aficionados), fila (de contribuyentes), galería (de monstruos), hilera (de bicicletas), laberinto (de reglas), legión (de parásitos), lista (de candidatos), macizo (de flores), nómina (de acreedores), rosario (de lamentos), torrente (de lágrimas).

[4] Ofician así, entre otros, kilogramo ( kilo), quintal, tonelada, onza, litro, galón, decímetro cúbico, metro, metro cuadrado, metro cúbico, segundo, minuto, hora, día, semana, mes, año, lustro, siglo.

[5] Ofician de fracciones:

1. parte, mayoría, totalidad;

2. Mitad, tercio, cuarto, quinto, sexto, séptimo, octavo, noveno, décimo, décima, centésimo, centésima;

3. las palabras que resultan de sufijar ésimo o ésima a mil, millón o billón - p.ej., milésima, millonésimo;

4. las palabras que resultan de prefijar a las enumeradas en 3 diez, cien o mil - p.ej., diezmilésimo, cienmillonésima;

5. las frases W parte ( W, ordinal del género gramatical femenino, excepto primera y segunda) - p.ej., quinta parte, milésima parte;

6. las frases compuestas por un cardinal mayor que uno seguida de una de las frases enumeradas en 5, del número plural - p.ej., dos quintas partes;

7. las frases C { por ciento / por mil} ( C, cardinal) - p.ej., tres por ciento, seis por mil.

[6] No figuran en los diccionarios usuales, pero deberían ser incorporados en cualquier diccionario completo. Razones de practicidad aparte, no hay dificultad en principio para listarlos, pues su número es finito debido a que el número de sus componentes también lo es.

[7] Ofician así, entre otros, alumnado, arboleda, biblioteca, biblioteca de libros técnicos, congreso, diccionario, ejército, ejército chino, enjambre, enjambre de abejas, familia, familia de Esther, ganado, hato, hojarasca, jurado, manada, multitud, rebaño, recua, séquito, tribunal, tropa, tropilla.

[8] Ofician así, entre otros, aceite, agua, aire, arena, arroz, asfalto, basura, bruma, calor, café, carne, ceniza, cerveza, chatarra, color, dinero, espacio, frío, fuego, gracia, grasa, harina, heno, hierba, hierro, humareda, humo, lana, leche, luz, madera, maleza, manteca, mármol, miel, música, niebla, nieve, oro, pan, papel, pasto, pienso, plata, plomo, polvo, ruido, sangre, suerte, tiempo, trigo, viento, vino; color {naranja / malva / violeta / amarillo / azul / blanco / negro / rojo / verde}.

[9] Esta expresión n o sirve - es claro - para componer un nombre de un objeto inmenso obeso, sino el de un agregado de personas obesas.

[10] Para algunos hablantes no disuenan frases entre FN ( FN, frase nominal compuesta por un sustantivo colectivo denotativo de grupos de cosas); p.ej., las frases locativas entre el material de trabajo, entre el mobiliario, entre el rico anecdotario de la campaña electoral, entre el arsenal incautado, entre el cañaveral, entre una arboleda, entre el fuselaje, etc. (Véase I. Bosque, El nombre común, § 1.4.5.1, en R.A.E., Gramática descriptiva de la lengua española, vol. 1, Espasa, Madrid, 1999).

del hablar